El río Medellín, arteria de la ciudad, corrió durante mucho tiempo dándole la espalda. Sus riberas eran sólo un espacio de infraestructura funcional —autopistas, ferrocarril, camiones— y no un lugar al que el ciudadano pudiera acercarse a pie. El proyecto que quiso invertir esa relación es Parque del Río Medellín(el Parque del Río).
El 8 de julio de 2024, junto a quien diseñó e impulsó ese proyecto, Jorge Pérez Jaramillorecorrimos el parque conversando; lo que sigue reproduce esa conversación casi tal cual. Entre 2012 y 2015 fue director de Planeación de Medellín y lideró tanto este proyecto como el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de 2014; hoy dirige MDE Urban Lab y es arquitecto y urbanista. A continuación se ordena la grabación de una entrevista caminando por la ribera.
Esta entrevista no fue un diálogo con guion intercambiado de antemano. Es una conversación de campo mantenida el 8 de julio de 2024 mientras caminábamos sobre la plataforma del Parque del Río que cubre el río Medellín. Jorge se detenía en el puente para señalar la otra orilla y, al pasar junto a los jardines plantados con especies nativas, explicaba allí mismo los cambios que había vivido la ciudad. Las preguntas y respuestas siguientes recogen casi literalmente la voz de esa caminata: las preguntas del entrevistador se han reconstruido a partir de los temas que Jorge fue respondiendo, y las que se formularon realmente en el lugar se conservan tal cual.

Jorge se presentó así: «Soy arquitecto y urbanista. Fui director de Planeación de Medellín entre 2012 y 2015, mientras se construía este proyecto, el Parque del Río. Antes y después he trabajado mucho tiempo en esta ciudad, Medellín, como profesional, como académico y desde el sector privado.»
Tradicionalmente el río fue un espacio puramente funcional: el lugar de las autopistas, los camiones y el tren, es decir, infraestructura para las máquinas. También infraestructura de servicios: energía, acueducto, gas. Durante décadas, durante buena parte de la historia de la ciudad, el río fue esa «infraestructura mecánica».
Pero hoy esto se ha convertido en un barrio conectado con la ciudad a través del parque. Ésa es la diferencia. Por primera vez la ciudadanía entiende el río como un parque, como un lugar para la vida y no sólo como un espacio funcional.

Es convertir la ciudad entera en un lugar guiado por el urbanismo. Yo entiendo el urbanismo como la manera de construir las ciudades como lugares para la vida. Nuestro alcalde llamó a los proyectos que impulsamos «Medellín, una ciudad para la vida».
Construir ciudad en tiempos de cambio climático no es sólo una cuestión de función: también lo es de ambiente y de salud. Por eso este proyecto es además el redescubrimiento del río por parte de la ciudadanía. Después de muchos años, por primera vez somos una ciudad que tiene un río.
Estamos en el costado occidental, y este puente une el oriente y el occidente de la ciudad. Es el primer proyecto que conectó ambas orillas para peatones y bicicletas. Por primera vez la gente puede cruzar la ribera a pie o en bicicleta. Donde estamos parados es justamente uno de esos primeros puentes peatonales.

Ese edificio es el Teatro Metropolitano. También es la primera vez que este barrio queda conectado con el teatro. Ahora los vecinos pueden ir caminando. Antes tenían el teatro enfrente y aun así había que dar un rodeo en carro. Al lado está lo que llamamos la feria de exposiciones, donde se realizan muestras y ferias comerciales.
El proyecto se definió mediante un concurso internacional de diseño. Participaron 57 equipos de cuatro continentes. Y los ganadores fueron unos jóvenes arquitectos de Medellín. Fue una sorpresa.
Su planteamiento era el de un parque botánico. Usaron especies nativas de la región para todo: los árboles que se plantaran y los jardines que se hicieran se diseñaron íntegramente con especies nativas locales.

El objetivo era traer fauna y flora, nuevas especies, al centro de la ciudad. Si se diseñan los jardines con especies nativas de la región, los pájaros, los insectos y las plantas vuelven a entrar en la ciudad. Así, éste llegó a ser el mayor espacio público y parque construido en Medellín en cincuenta años, o incluso en un siglo.


Estos árboles ya tenían este aspecto cuando se construyó el proyecto. Pero hoy están de pie sobre la autopista. Bajo nuestros pies pasa una autopista soterrada. Los carros están debajo de nosotros y encima están los árboles.
Sí, se puede andar en bicicleta. Todo está conectado en bicicleta.
Hay una cancha pequeña de fútbol y servicios como baños, restaurantes y cafés. En ese edificio están el restaurante, el café y los servicios. Hoy es lunes y los restaurantes cierran, pero entre semana esto se llena de gente, porque a la gente le gusta mucho este lugar.
Estos aparatos no los usan sólo los niños: también las personas mayores hacen ejercicio en ellos. A primera hora de la mañana suele verse a muchos adultos mayores ejercitándose. Éste es un lugar para las familias, para el ocio. Es zona verde e infraestructura de conexión ecológica y, al mismo tiempo, un lugar para no hacer nada. Ver los pájaros, sentir el aire, simplemente estar: una ciudad necesita lugares así.
Ése es el cerro Nutibara, esa masa verde. Es un área natural protegida y a la vez un parque. El parque del río se enlaza con estos cerros tutelares y forma un corredor ecológico.
Ese edificio es el recinto de exposiciones y convenciones. Y «aquí todo florece»: en esta ciudad todo florece.

Los fines de semana salen muchísimas familias a las zonas verdes, con sus perros, en familia. Hay restaurantes y sitios para la gente, y la ribera se convierte en un escenario de ocio.
Creo que la mayoría de las ciudades tiene que recuperar su relación con el agua. No hay razón para dejar el río como el sitio de una autopista. Un alcalde que estuvo hace poco en esta ciudad también hizo suyo el proyecto de recuperar la ribera. El agua es realmente importante.

Son distintas. Aquí también hay desbordamientos de vez en cuando, pero la inundación no es el problema principal, así que podemos relacionarnos con el río con relativa seguridad. Seúl tiene un río grande, con una complejidad hidráulica e hidrológica mucho mayor, y por eso resulta más difícil.
Hemos empleado treinta años en revertir la contaminación del río y seguimos en torno a un 80 % de éxito. Para recuperar del todo la calidad del agua queda mucho por hacer.
Desde los años noventa existe un esquema de financiación: desde entonces toda la ciudadanía paga cada mes un impuesto para la descontaminación del río. Recursos hay. El problema es la topografía del valle. Bajan muchísimas quebradas desde las montañas y la ciudad ha ido cambiando por completo los colectores a lo largo de los cauces. Pero para recuperar plenamente la calidad del agua en los barrios de borde queda todavía mucho trabajo.
Entre las tecnologías empleadas para descontaminar el río está también la de Hyundai. En este proceso hubo una fuerte cooperación coreana: usamos tecnología de Hyundai en los túneles de infraestructura. Y allí está la sede de EPM, la empresa central de servicios públicos de la región, la segunda compañía más grande del país y una empresa pública en un 100 % del municipio de Medellín. EPM presta más del 90 % del acueducto, la energía y las telecomunicaciones de la ciudad.
EPM es una empresa del municipio y está sujeta a la disciplina del alcalde y de la autoridad de planeación. Tiene autonomía e independencia, pero depende de la Alcaldía. Cuando fui director de Planeación de Medellín, era además miembro de la junta directiva de EPM: por norma, el director de Planeación forma parte de esa junta. Por eso la planeación se hace siempre de manera simultánea entre EPM y el municipio. Son muy fuertes en recursos y respaldan a la ciudad de muchas maneras.
Lo administra la Alcaldía, es decir, el municipio. El presupuesto sale de los impuestos que paga la ciudadanía. Ahora bien, otras etapas del proyecto —el conjunto se compone de varias— se financian a través de las áreas de renovación urbana: las empresas promotoras aportan contribuciones para construir la etapa siguiente.
Como decía, el Parque del Río es un proyecto de un plan maestro de unos 17 km y uno de los principales espacios públicos de la ciudad, con programas para niños y personas mayores. Existen entidades como el Instituto de Deportes y Recreación (INDER), y la Alcaldía presta servicios a la ciudadanía a través de ellas. EPM también tiene la Fundación EPM, que apoya el espacio público, las zonas verdes y el parque de la ribera. Cuando trabajamos con estos espacios públicos pensamos que estamos construyendo un modo de vida para la ciudadanía, e integramos desde la planeación la respuesta al cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Prefiero llamarlo estrategia y no proyecto. Es una estrategia para el espacio público, una estrategia para la conectividad ecológica, una estrategia para volver a enlazar infraestructura al servicio del sistema de transporte regional, y también una estrategia para construir una nueva línea férrea que corra de norte a sur a lo largo del río. Pero, ante todo, es un lugar para la vida, un lugar para la gente, en una ciudad con un déficit grave de zonas verdes y espacio público.
Desde aquí hay una vista hermosa sobre todo el valle. Normalmente corre agua. Hoy es lunes y está vacío, pero entre semana, por la tarde y al anochecer, hay muchísimos niños jugando en esta fuente que llamamos los Chorritos. Otra vez se oye el ruido: ¿alcanza a oírlo? Por debajo pasa la autopista urbana. Esa autopista está bajo nosotros.
Para nosotros, arquitectos, urbanistas e ingenieros, proyectos así permiten entender la fuerza del urbanismo para cambiar la vida de la gente, e incluso la economía y la calidad de vida. Es una fuerza realmente transformadora. Y sin embargo no sé bien por qué cuesta tanto convencer a los políticos y a algunos dirigentes de su importancia. Se destinan millones y decenas de millones de dólares a infraestructura para el carro, mientras que la inversión que requieren estos espacios públicos es apenas una fracción mínima. Este proyecto puede ser costoso, pero la ecuación entre coste y valor devuelto a la ciudadanía es increíblemente favorable.
Sí. La idea del Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín es precisamente la ciudad compacta. Todo el entorno del parque del río es área de renovación y redesarrollo urbano. Calculamos que en el futuro se construirán unas 120.000 viviendas nuevas a lo largo de la ribera. El plan maestro del parque tiene unos 17 km y prevemos entre veinte y treinta años de construcción. La línea de metro que hoy pasa a tres cuadras discurrirá en el futuro por debajo del parque del río. Por eso éste será un lugar muy importante no sólo para camiones y carros, sino también para la conexión del tren y el metro.
Mientras hacíamos este proyecto elaboramos también el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial de toda la ciudad. En él incorporamos un concepto que llamamos urbanismo de proximidad, muy cercano al concepto de la ciudad de los 15 minutos que lideran Carlos Moreno y el equipo de La Sorbona. Si uno puede llegar al río, cruzarlo e ir a todos los barrios, y aquí encuentra servicios para la ciudadanía, aparece un enfoque de proximidad para disfrutar de los servicios y de la vida. La fuerza de la proximidad, la del espacio público, la de la mezcla de servicios y la capacidad de la ciudadanía que vive la ciudad son increíblemente grandes. Este proyecto significa dar a la gente la oportunidad de vivir en una ciudad para la vida.
Ése es el Parque de los Pies Descalzos, de EPM. Es un proyecto diseñado en 1998 por tres profesores de la facultad de arquitectura —Giovanna Spera, Elvira Vélez y Felipe Uribe— y yo fui su gerente. Tres meses después de formular el plan maestro, el alcalde quiso el proyecto. Preguntó cómo se podía construir algo para la gente y le respondimos que nosotros podíamos diseñarlo.
Fue una especie de proyecto piloto para el espacio público y el diseño urbano de Medellín. Se construyó entre 1998 y 2000 y es probablemente el espacio público más exitoso de la ciudad. Tiene agua, arena y zonas verdes, y suele usarse como un jacuzzi colectivo. El nombre «Pies Descalzos» surgió de la idea del gerente general de que los empleados de EPM se quitaran los zapatos y descansaran los pies en el almuerzo y los ratos libres.
La idea original, cuando Giovanna y su equipo lo diseñaron, era conectar este espacio público con aquel edificio grande y blanco. Que ese parqueadero impida ver el río es una verdadera lástima. Cuando se diseñó aquel edificio, Pablo Escobar todavía vivía. Existía la amenaza de atentados y de carros bomba, y por eso los diseñadores necesitaban los espejos de agua para proteger el edificio de una explosión. Ésa es la historia de Medellín.
El relato de Jorge transmite con viveza el ideal y el potencial del proyecto. Por equilibrio, conviene dejar constancia también de la realidad sobre el terreno.
El Parque del Río se concibió inicialmente como un eje metropolitano de unos 20 km a lo largo del río, pero lo efectivamente construido es sólo la etapa 1, de unos 5 km, en el costado occidental: una sola de las etapas previstas. El coste superó ampliamente las estimaciones iniciales y la etapa terminada dejó también sobrecostes considerables.
Los cambios de gobierno movieron la trayectoria del proyecto. La formulación, el concurso y el inicio de obra ocurrieron en la alcaldía de Gaviria; después, en la de Gutiérrez, la etapa 1 se completó entre demoras y rediseños; y en la de Quintero el rumbo viró hacia el tramo norte. La sociedad creada para ejecutarlo, Sociedad Parques del Río, no logró asumir la construcción y, ante la creciente carga financiera, fue liquidada en febrero de 2025 con aprobación del Concejo (la liquidación no equivale a la cancelación del proyecto: la secretaría de infraestructura asumió su continuidad).
También conviene mirar con frialdad la realidad ecológica. Como señaló Jorge en la entrevista, la recuperación del agua sigue en curso. Buena parte del caudal del río son aguas residuales, y la descontaminación efectiva no la hace el parque que cubre el río, sino la planta de tratamiento de EPM, Aguas Claras. «Agua que se ve limpia» no significa «río recuperado»: el parque se apoya sobre una infraestructura de saneamiento que es otra cosa.
El Parque del Río de Jorge dice al final dos cosas a la vez: una es la reintegración del río y la ciudad; la otra, la planificación que traduce esa reintegración en proximidad. Soterrar la autopista ribereña y cubrirla con un espacio público transitable a pie para que la gente cruce el río y alcance caminando todos los barrios y servicios enlaza directamente con el debate sobre ámbitos de vida y ciudad de los 15 minutos que Seúl viene impulsando.
Las condiciones de Seúl son otras. Como reconoció el propio Jorge, el Han no admite comparación con el Medellín en escala ni en complejidad hidráulica e hidrológica, y llevar actividad a sus riberas resulta más difícil. Pero las preguntas que lanza el Parque del Río —cómo devolver la infraestructura funcional de la ribera a la proximidad de la vida cotidiana, cómo recalcular la ecuación de coste y valor entre la inversión enorme para el automóvil y la pequeña inversión para el espacio público— siguen siendo válidas para Seúl.
Al mismo tiempo, la realidad del Parque del Río es una advertencia. Un proyecto del que sólo se realizaron 5 de los 20 km concebidos muestra a la vez la tensión entre el proyecto insignia y las prioridades sociales, y la distancia entre «el agua que se ve» y «el río recuperado». Al hablar de proximidad y de ámbitos de vida, Seúl también debe poner una al lado de la otra la imagen del ideal y la realidad de la equidad, las finanzas y el ambiente: ésa es la lección más práctica que deja esta entrevista de campo.